¡Entren en su blog de literatura cutre!
Sí, damas y caballeros, conservo escrupulosamente unos estándares de baja calidad a los que me debo.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Fábula sin estructura fabulosa



Fábula sin estructura fabulosa:

            Osito estaba malo, no se encontraba muy bien y ese día les dijo a sus padres que lo mejor iba a ser que no fuera al colegio. Su madre, Osa-mañosa, cogió la caña de pescar y se fue a por salmones al río. Oso-peloso, su padre, se quedó en casa cuidando de su hijo.
            –Papá, quiero el almuerzo –decía Osito.
            –Ya has desayunado mucho, hijo –respondía Oso-peloso.
–Pero quiero el almuerzo –insistía Osito y su padre se lo traía.
–Papá, quiero más cojines –decía Osito.
–Más cojines te fastidiarán la columna vertebral, hijo mío –respondía Oso-peloso–, ya sabes lo que dice el médico de cabecera.
–Jo, pero quiero más cojines –insistía Osito y su padre se los mullía.
–Papá, quiero un abrazo –decía Osito y su padre se lo daba junto a un par más de regalo.
Osa-mañosa llegó a casa a la hora de comer y trajo los salmones que cocinaron ella y Oso-peloso. Después de comer el osezno Osito se fue a su madriguera a dormir.
–¿Qué tal has pasado la mañana? –le preguntó Osa-mañosa a su marido.
–Pues mira, primero me pidió el almuerzo y yo se lo llevé, aunque ya había desayunado mucho; luego me pidió cojines y yo los mullí para él, aunque creo que no le iban a sentar bien a su espalda; y después me pidió un abrazo y yo le di tres, claro: estaba pachucho.
–¿Y si se acostumbra a que le brindemos más atenciones cuando no se encuentra bien?
–Tranquila –contestó Oso-peloso–, los padres buenos cuidan más de sus hijos cuando están enfermos.
–Los padres buenos cuidan y quieren a sus hijos todos los días. Un hijo se convierte en lo que se le ofrece, ¿cómo crees que acabará siendo si le enseñamos que sentirse mal tiene más recompensa que sentirse bien? Puede ser peligroso, ¿no?
–Tienes razón, la verdad es que no había caído. Hagamos lo que hacemos todos los días y nos quitaremos un peso de encima.

Moraleja: quien aprende a exigir derechos en virtud de su malestar, aprenderá a estar mal.