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Sí, damas y caballeros, conservo escrupulosamente unos estándares de baja calidad a los que me debo.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Memorias de antes de nacer

Memorias de antes de nacer:

            Aquí se está calentito, la verdad.
Uy, perdón, vayamos por partes: estoy en un útero.
            Y soy un niño tan pequeño que aún no he nacido.
Pero aún antes de nacer tengo una historia y creo que no está mal. Yo diría incluso que tengo mucha más historia, mucho antes de ésta.
Papá era cobarde y la voz suave de mamá dice que papá, antes de hacerlo con ella y concebirme a mí, antes de que viniera la cigüeña, estuvo con una puta. Papá estaba casado con mamá por la Iglesia, pero creo que eso no le importó mucho. Y contrajo una enfermedad que se llama gonorrea.
La gonorrea es una enfermedad de transmisión sexual provocada por la bacteria Neisseria gonorrhoeae o gonococo según la Wikipedia.
La Wikipedia es una enciclopedia de internet que aún no existe, pero existirá unos cuantos años después de que yo haya nacido.
En estos días, mientras yo aguardo acogido en un vientre repleto de comodidades, mi mamá y mi papá se contentan con leer la Gran Enciclopedia Larousse, que no está mal para los tiempos que corren, aunque se quedará desfasada, ya lo verán. Yugoslavia ya no será lo que es.
Pero volvamos a la gonorrea. A mí el nombre me recuerda a Sodoma y Gomorra, y lo de gonococo me suena a comecocos. Bueno, aún no, claro.
Comecocos… waka, waka, waka.
La gonorrea en el feto –y desgraciadamente yo soy uno de ésos, un feto– puede causar ceguera durante el parto y la muerte o aborto durante el embarazo, supongo que si entonces causara ceguera, no sería muy importante…
Pero la verdad es que yo aquí no sé si veo nada. Bueno, seamos sinceros, tampoco puedo tener pensamientos conscientes, articular lenguaje y ni mucho menos relatar historias, ¿qué se han creído ustedes?
¡Si ni siquiera sé cuántos soy! Por lo que a mí respecta yo podría ser gemelos o trillizos, u octillizos como los de Apu.
Apu es el tendero indio –de la India– de Los Simpsons, una serie de dibujos cuyas primeras diez temporadas son magistrales. La verdad es que la serie tampoco existe aún pero no le queda tanto como a la Wikipedia.
Regresando al interior del vientre materno nos volvemos a encontrar conmigo. Y yo tengo miedito, porque puedo morir. Y mamá sabe que el embarazo no va bien, lo supo desde el primer momento. No sabe por qué lo sabe. Pero sabe que lo sabe, porque es una madre, ha tenido más hijos y, sobre todo, ha prestado atención a lo esencial. Y ha interrogado a papá porque se hizo pruebas y el médico se lo dijo, le dijo: “tiene usted gonorrea”. Porque cuando yo estaba por nacer aún se llamaba a la gente de usted en el ambulatorio independientemente de la edad que uno tuviera. Esperen, ¿qué estaba diciendo? Ah, sí, que tengo miedo.
Y mamá también tiene miedo.
Y papá le dijo que la habría cogido en la ducha –hablo de la enfermedad–. Y mamá pensó que “este hombre es tonto”. Luego pensó “y lo peor es que cree que yo soy tonta, aunque lo peor es que eso no es ni mucho menos lo peor, ojalá”.
Y a pesar de que aquí se esté calentito, el cuerpo de mamá quiere expulsarme. Quiere enviarme ahí fuera muerto… Porque éste no es un buen año para nacer de veinticinco semanas. Uno se muere sin remedio. Cuando haya móviles con internet y libros electrónicos dará igual, pero ahora no. Uno se muere. Y, porque no puedo, pero si no, diría que no quiero morir. Aunque, ahora que lo pienso, ¿seguro que el cuerpo de mamá quiere desprenderse de mí? ¿Y no será al contrario? ¿No será que su cuerpo y su corazón y su amor y su mente son como una misma cosa que está desafiando a la enfermedad? Porque yo soy una manifestación de la realidad o algo así, y, ¡eh, estoy aquí dentro!
Pero si logro nacer seré –probablemente– ciego. De ser así no sabré qué son los colores y la gente me preguntará qué veo y yo les diré cualquier cosa porque no sabré qué dicen. Y ellos me preguntarán si veo negro y yo les diré que “estaría bien eso de ver el color negro pero es que no lo entiendo”, “pero tienes que ver algo”, ésa es la gente.
La gente es un poco lenta –o rápida en exceso– cuando hay demasiada junta.
Pero voy a morir. Así que no va a pasar nada de eso.
No lo digo por decir, lo dicen los médicos. Esto es lo que se llama un argumento de autoridad.
Mi papá es un irresponsable. Mamá ha aprendido que siempre lo fue, pero antes, aunque él hacía las mismas cosas, ella no era capaz de verlo. Me pregunto… si vivo, ¿lograré detectar esa clase de cosas en los demás y en mí mismo? La verdad es que en este preciso momento no sé qué implican, pero suena importante.
De repente me calmo. Mi madre está recordando sus propias fuerzas. Porque ella siempre lucha, porque ella siempre supera, porque ella siempre vence, porque ella siempre ha podido con todo. Porque siempre ha hecho lo que tenía que hacer, hasta sus últimas consecuencias y si no, ha sabido rectificar. Y ella sabe que me quiere. Y que esta vez tampoco se va a rendir. Luchará por mí, siempre. Aunque papá dice que sus hijos no tienen ningún problema. Pero mamá sabe lo que hay. Y lucha. Creo que no podría luchar si mintiera como papá, aunque eso es demasiado complicado…
Siento hablar tan apresuradamente, pero es que hay bastante movimiento fuera de aquí: mamá lleva unas horas sufriendo un dolor insoportable en un hospital, los médicos le dicen que está abortando. Papá no está. A mí el tiempo se me pasa volando. Tal vez porque no comprendo nada.
Y ahora saldré. Vivo o muerto. Como en los carteles de esas pelis del oeste en los que aparece un tío feo con bigote y muchos símbolos del dólar.
Será como jugar a cara o cruz, supongo. A simple vista podría parecer que no estoy en lo que podríamos llamar una posición favorable, sin embargo tengo la energía y la valentía de mi madre de mi lado, reproduciéndose en mi corazón.
No es soberbia pero yo apostaría por mí mismo.
Si pierdo tampoco me voy a enterar…
Bueno, ni si gano.
Pero entonces me reiré y seré un milagro.
Y un día veré las series que me gustan en una televisión de ésas de pantalla plana súper grandes. Y comeré nocilla. Y haré otras cosas que no sonarán tan triviales, claro. Pero también podré hacer cosas de las llamadas “triviales” y eso tiene su valor.
Y un día hasta puede que llegue a cuestionármelo Todo.
Quizás mientras como nocilla.