¡Entren en su blog de literatura cutre!
Sí, damas y caballeros, conservo escrupulosamente unos estándares de baja calidad a los que me debo.

domingo, 20 de abril de 2014

Amigas para siempre

Amigas para siempre:

–Joder, hago unas esculturas cojonudas… ¿Está mal que yo lo diga?, porque son cojonudas –decía Sara contemplando sus creaciones. Aunque estaba pensando en estudiar la carrera de química cuando aprobara la selectividad en verano, tenía muy claro que no existía motivo alguno en la Tierra que pudiera llevarle a invertir menos tiempo en sus estudios artísticos, ya tenía una importante cartera de clientes y cobraba más que bien por sus trabajos–. Soy fantástica, coño.
Ester la miraba con recelo, Sara tenía demasiado ego. Demasiado, y eso no podía ser bueno. Hasta el novio de Ester le había dicho que quizás le pasara algo, que aquello no era normal, que su madre le había preguntado una vez que Sara había estado en su casa “¿a esa chica le pasa algo?”, o algo así. Total, que demasiado ego.
–¿Y tú qué tal con tu novio? Está to bueno.
–Sí… además, como siga así va a tener un trabajazo… –dijo Ester sin convicción.
–Y… ¿sigue sin darte sexo? –quiso saber Sara dejando su autocomplacencia de lado.
–Con la excusa de que le tienen que operar…
–¿Sigue dándote largas? –Sara era un cúmulo de incredulidad.
–Sí, con la puta fimosis, a lo tonto llevamos, ¿cuánto?, ¿un año esperando a que le operen? Y dice que no le apetece follar porque se hace heridas.
–¡Vaya putada!
–Es una mierda –convino ella–, y que es un quejica: las heridas son una mariconada.
–Joder… –murmuró Sara.
–Pues sí –dijo Ester–. Yo creo que me pone los cuernos o algo…
–Es que ese chico no te conviene –dijo Sara. A Ester se le pasó por la cabeza la posibilidad de que su amiga pudiera estar celosa, pero la descartó enseguida por absurda–. Joder, qué buena soy, debería estar prohibida –soltó Sara al volver la vista a sus obras.
–No, no me conviene –asintió Ester–. ¿Raúl y tú seguís de follamigos?
–Sí…
–¿Y tú sigues enamorada de él? –inquirió Ester con un leve tono de reproche en su voz.
–Sí –Sara aguardó unos instantes, cavilando algo–. Al menos dice que no le importa, que puede seguir.
–Pues yo estuve hablando el otro día con Raúl sobre si folláramos –soltó Ester.
–¿Y tu novio? –curioseó Sara.
–Que le jodan.
–¡¿Y yo?! –se alarmó Sara, como si de repente le hubiese llegado el resto de información a la cabeza.
–¿Tú qué? –Ester no acababa de comprender el motivo de sus protestas.
–Bueno… yo estoy enamorada de él.
–¿Y qué? –Ester tenía claro que aquél no era un argumento válido.
–Pues… eso –se aventuró Sara dubitativa.
–Eso no te da ningún derecho sobre él. ¡Como si fuera de tu propiedad! –se indignó Ester.
–He estado follando años con él… –intentó defenderse Sara.
–Y nunca te ha hecho caso –concluyó Ester–. No es tuyo. Y si quiero, puedo follármelo. Además, Raúl es un pedazo de pan… es un buenazo.
–Sí… –Sara comenzó a palpar una escultura en busca de posibles imperfecciones–. ¿Sabes?, me siento más guapa cuando estoy contigo, mola –comentó Sara sin pensarlo mucho.
–Raúl es un pedazo de pan –respondió Ester y tuvo la cortesía de no insistir más en el tema.
Por un momento a Sara se le pasó por la cabeza un pensamiento fugaz. Pero fue sólo por un instante, luego desapareció. A fin de cuentas eran amigas.
Y las amigas estaban para apoyarse.