¡Entren en su blog de literatura cutre!
Sí, damas y caballeros, conservo escrupulosamente unos estándares de baja calidad a los que me debo.

martes, 10 de junio de 2014

Red Punk (1ª parte)

A Carlos. Espero que te guste... ¿un poco?

Red Punk (1ª parte):

            La superficie del planeta era árida, de un tono zarco y con apenas vegetación, el tono ambarino y sucio del cielo se despedía de ellos. La antigua ciudad portuaria se convertiría pronto en una mancha indistinguible en la lejanía. El mismo planeta acabaría desapareciendo en la inmensidad del espacio. Ayano Kimura se ajustó el cinturón de seguridad sobre el asiento del copiloto, concentrada.
–¿Todo listo?
Todo listo, capitana.
La invasión neuronal que suponía la charla en silencio con H´lran hacía mucho que había dejado de ser un impacto contra la mente reticente de Ayano y el Zal´on buceaba a gusto por ella, era como visitar un museo lleno de cosas fascinantes: nada se podía tocar y estaba salpicado de puertas con el letrero de “prohibido el paso”. Dada la experiencia previa de H´lran, consideraba que esas puertas inaccesibles eran parte del drama esencial del ser humano.
Ayano volvió la vista a una de las numerosas pantallas holográficas que tenía a mano, se la acercó con un gesto, sólo veía un asiento vacío.
–Elden, ¿dónde estás? –era una orden con forma de pregunta.
Una chica sonriente apareció agitando un sándwich envasado al vacío al otro lado de la imagen:
–¡Venga! ¡Ahora no me necesitáis para nada, Ayano! Y eso es bueno, ¿no? –respondió con jovialidad Elden.
–Necesitamos que tu culo esté en su sitio y que te abroches el cinturón.
–Culo ubicado y cinturón abrochado, capitana. –respondió Elden, después respiró hondo: no era nada habitual que ella, precisamente ella, pudiera tomarse un descanso durante el despegue. Temía aburrirse, la verdad, así que finalmente decidió hablar un poco con H´lran, aunque sabía que sería algo desconcertante: el mensaje de H´lran aparecería de una pieza en la mente. Cualquier criatura que no perteneciera a su especie debía ir desenvolviéndolo como si fuera… ¿un sándwich envasado al vacío? Tenía hambre. Y se aburría. Se preparó para… para lo que fuera aquello:
–Eh, verde, éste nos ha hecho correr, ¿eh?, tenía ganas de escapar el cabronazo.
El hombre es una criatura cobarde: al tener que enfrentarse a una larga condena corre, niega la responsabilidad y engaña a su mente. Depositáis una enorme confianza en el intelecto e intentando salir de vuestra mente, caváis un agujero lleno de odio. Hay quien contempla el mundo entero desde el interior, pero son rarezas que suscitan envidia y suscitan envidia porque el hombre es cobarde. También hay muchos Zal´no (o Zal´ones para vosotras) que adolecen de un comportamiento pueril ante el dolor, peligroso de cara a sus vecinos, pero nosotros no les encerramos como hacéis vosotros. Os concederé cierta razón pues algunos especímenes humanos parecen haber llegado a un punto de no retorno, perdidos en su angustia e incapaces de recuperar una sensibilidad normal ante la vida que se despliega ante ellos, resultando razonable aunque trágico que la única solución en tales circunstancias sea evitar que hagan daño a la sociedad. No obstante el problema es el mismo en cualquier punto del sistema que lo sostiene: un miedo atroz a lo desconocido. Un miedo estúpido ante el propio miedo.
–Vamos, verde aburrido –masticaba el bocata mientras hablaba–, tú ni siquiera sabes lo que es eso. Tu gente es terriblemente cívica.
El civismo puede ser una poderosa prisión política, puede transformarse en un atentado contra la psique que, violentada, se ve limitada por normas autoimpuestas aparentemente válidas para una vida en sociedad.
–Tú no piensas eso, verde cabrón. Joder, ¡eres un puto... cínico!
¿Cínico? Todo límite es violencia contra el alma.
–No me engañas, juegas a ser cínico no siendo cínico y encima te ríes. Y eso es cínico… creo.
Hay un egoísmo inteligente, Eldan.
–¡Aprende a decir mi nombre de una vez! –le espetó divertida haciendo rebotar la pantalla entre sus manos–. Y de paso explícame cómo nos comunicamos a través de una pantalla, hombre.
Ayano intervino en la conversación:
–Damas y caballeros –anunció con voz de azafata, sin ninguna seriedad–, estamos en el espacio con la gravedad al cinco punto tres, soporte vital en marcha, ansible calibrado y placas en funcionamiento estable. Pueden desabrocharse los cinturones de seguridad, circular libremente por la nave y asegurarse de que nuestro querido Matt sigue de una pieza. No necesito recordarles que nos pagarán menos si parece un collage –después recuperó el tono normal de su voz, decididamente más duro–. Y, por cierto, en mi opinión la persona más inteligente es la que hace feliz a los demás.
–Claro, por eso somos cazarrecompensas… –murmuró Elden mientras se alejaba por un pasillo hasta el calabozo. Ahora sí tenía ganas de echarse al sofá con una cerveza y poner las noticias. De hecho eso es justo lo que hizo previo tedioso zapeo por diversos canales sin apenas interés. No le gustaba conectarse a la red ella misma dentro de la nave, siempre prefería conectar el soporte externo para compartir la experiencia con Ayano y H´lran si pasaban cerca de ella.
La recompensa por Matt Cruz, acusado de presunta estafa, contrabando, robo interplanetario y traición al estado de Novaya Neva en Mir… –comenzaba a decir una reportera de las noticias.
–Esta gente no sabe qué quiere decir “presunto” –se quejó Elden a Ayano que acababa de entrar en la sala de estar.
…asciende hasta a doscientos mil dracmas si es entregado vivo a las autoridades de Perséfone… –continuaban las noticias.
–Cuando digo que podéis ir al calabozo –comenzó Ayano encendiéndose un cigarro–, me refiero a que lo hagas tú –dejó escapar el humo en la sala de estar.
…no obstante desde Mir se ha lanzado la petición por parte del primer ministro de la Alianza Confederada de Mir de que Matt Cruz sea repatriado para ser juzgado en sus fronteras en base a los Acuerdos de La Cascada… –Elden cerró la transmisión de la red y el holograma desapareció.
–Esos hijos de puta de Mir –comenzó Elden a decir– no nos pagarían un duro, ¿verdad? O tendríamos que sobornarles tanto que al final no nos pagarían un duro…
–Si me engañan una vez es culpa suya, si me engañan dos es culpa mía –aclaró Ayano expulsando otra bocanada.
–¿Cuándo pasó eso?
–Hace tiempo, cuando trabajábamos H´lran y yo solos.
–¿No teníais artillero? –dijo la joven impresionada.
–Eran tiempos distintos, Elden –le explicó la capitana–. Los tiros los pegábamos entre callejones, era un trabajo aún peor pagado, perseguíamos a maleantes de poca monta, sólo teníamos una lanzadera de combate en la zona de carga a la que siempre le estaba haciendo apaños con las herramientas para que aguantara un día más… la comida era igual de mala, todo era más… sencillo, supongo –Ayano parecía recordar con buenos ojos aquellos tiempos posiblemente anteriores al nacimiento de la actual artillera.
–Ya –convino Elden recostándose feliz en el sofá y dándole un trago a su lata de cerveza–, a mayor ambición, mayor calibre.
–Iré yo a ver a Matt, ¿de acuerdo? –propuso Ayano dándole un golpecito al sofá–. Sé que hoy has tenido un día especialmente duro.
Ninguno nos esperábamos que ocurriera eso –comentó H´lran al entrar en la habitación. Al escucharle en el interior de su cabeza tan de repente la joven artillera se dio un ligero golpe en la sien.
–Pero estamos vivos, ¿no? –declaró Elden alegre tirándole una lata de cerveza a H´lran que la cogió sin dificultad con una de sus cuatro manos.
–En el espacio –apuntó Ayano.
–Debes ser la única capitana del universo a la que le pone nerviosa la idea de surcar las estrellas y toda esa mandanga –soltó Elden con una sonrisa.
–El espacio es… –Ayano no terminó la frase. Tenía cosas que hacer.