¡Entren en su blog de literatura cutre!
Sí, damas y caballeros, conservo escrupulosamente unos estándares de baja calidad a los que me debo.

domingo, 1 de mayo de 2016

La exposición

La exposición:

–No paro de hablar de lo mismo, por suerte casi nadie entiende de lo que hablo, al menos ninguno de los que compran mis obras… lo que de alguna forma es un alivio. Por otro lado soy un artista y casi nadie entiende de lo que hablo… Es un desastre. Y tampoco es para tanto, en fin… categorías deshaciéndose en sus propias estructuras, revelándose como falsas y verdaderas a la vez. Una vez leí que A no es A y por eso es precisamente A. Evidentemente tal flagrante falta de respeto hacia el principio de identidad de la lógica más elemental me llamó la atención, es decir… ¿uno puede decir eso sin volverse o estar de antemano completamente loco? Estuve investigándolo y descubrí que las categorías que determinan la realidad son binarias y rígidas, útiles, demasiado simples, demasiado complicadas como para expresar la belleza de que el mundo sea mundo.
–Fantástico, has llenado mi galería de escenas de sexo que podrían estar en cualquier película underground que se precie. O en Alien, si fuesen por ahí los tiros.
–Y sin tu permiso.
–Y sin mi permiso.
–Aunque tú me dijiste que podía exhibir mi trabajo en cuanto estuviese listo, que estabas de vacaciones y que hablara con May para que lo organizase.
–Ya sé que dije eso pero…
–Va a vender.
–¡Claro que va a vender! ¿¡Se puede saber a qué juegas!?
–Juego al juego de la confusión entre autor y el narrador, de quién hace la obra de arte. De si hay biografía o valores, ficticios o no, o si no los hay, porque éste es también un ángulo desde el que atacar. Un poeta que sabe que las palabras son ilusiones debe ser astuto para servirse de ellas y hacerlas desaparecer, los actores se revelan en el alma de un ser inventado también y del mismo modo un escultor que sabe que la materia es arte debe ser lo suficientemente inteligente como para moldear la realidad y dejar la escultura intacta. ¿Sabes lo que dijo Vilmar Larsen hace unos meses al presentar su nueva colección “Excentricidades”?
–¿Me importa? ¡Oye, escúchame…!
–Dijo: “un artista sólo es un reflejo de su obra” tras hacer una broma sin puta gracia al respecto de su superdotación intelectual en Facebook: “No tengo suficiente inteligencia como para permitirme el lujo de perderla parcialmente y pretender alguna prebenda social pese a ello, ni pretenderla por ello”. Odio a ese cretino, pero quiero llamarle gilipollas sin parecer elitista, me contento incluso con llamarle elitista sin parecer gilipollas.
–¿Entiendes que vas a recibir críticas extremadamente negativas?
–Es de las pocas cosas que sí entiendo.
–Dios, no me extrañaría nada que alguien pensara en denunciarte, especialmente por las dos obras de la esquina junto a los urinarios. Y por eso de… el brazo del crío…
–Gracias a ese Dios que mencionas, el que violó espiritualmente a la Virgen.
–¡Y va a parecer que yo lo he permitido!
–No obstante la galería seguirá abierta aunque mañana los periódicos escupan mi nombre de entre la tinta. Estás actuando.
–¡Pero de qué cojo…! ¡Escucha, ¿de qué cojones estás hablando?!
–Actúas.
–¡Y una mierda! ¡Si no te cierro la puta galería es porque no vas a volver a hacerme esto! ¡Expón lo que quieras, pero métete esto por… Para esto vete a otro sitio que no sea la Kulturhuset Hausmania!
–Trato hecho. ¿Te bajas y nos tomamos unas cervezas?
–Venga.
–Invito, evidentemente.
–¿Y cómo puede ser que algo, lo que sea, sea binario?
–Si algo es alto es porque otra cosa es baja, ¿verdad?
–Espero que tengas un as debajo de la manga.
–Aguarda, que el mago se ha olvidado los conejos y la chistera: Los términos son relativos, incluso cuando no encuentres un término opuesto, se establece una relación entre lo denotado y lo no-denotado.
–Ya veo. ¿Cuánto tiempo has dicho que te llevó investigar eso?
–¿Puedes dejarme terminar, por favor?
–En realidad eso intento: que acabes.
–¡Pero si has preguntado tú!
–¡Qué poco sentido del humor!
–Lo interesante es que las categorías son ilusiones interdependientes unas de otras, pero como la ilusión es una categoría, nos sentamos delante de una paradoja, ¿entiendes?
–Déjame ver… estoy bastante seguro de que te has saltado un par de pasos, pero… por supuesto que no.
–Bueno, te lo explico ahora.