¡Entren en su blog de literatura cutre!
Sí, caballeras y caballeros, conservo escrupulosamente unos estándares de baja calidad a los que me debo.

viernes, 1 de junio de 2018

Life and a lover

Life and a lover:

            –… lo cual avalaría la teoría holográfica del universo –finalizó el profesor.
–¿Significa eso que, dentro de los límites de esta teoría, no podríamos dar una estimación aproximada del origen del universo, entendido como la totalidad de los universos existentes? –preguntó una de las estudiantes.
–Cada vez estoy más convencido, al contrario de lo que piensan nuestros amigos los filósofos… –hubo algunas risas entre el alumnado, muy esforzadas ante lo que no tiene gracia, de ésas que únicamente se escuchan en las universidades y en los departamentos de dirección de las grandes empresas, y que irritó en secreto al profesor–. Cada vez estoy más convencido, como decía, de que no hay ningún problema, al menos en física, a la hora de hablar de un presente infinito.
Sofie se despertó poco a poco. Se irguió lentamente, como una pantera entre la maleza, a fin de no llamar la atención del profesor, justo cuando éste daba por concluida la sesión.
No había sido casualidad: ya era toda una experta midiendo el tiempo desde la inconsciencia de los sueños.
Giró el picaporte para salir de clase: llegaba tarde a una cita.

Abrió la puerta, el vagón del tren no estaba apenas ocupado, un hombre abrió de golpe la puerta en el otro extremo y disparó, dando a un pasajero a su lado que leía el periódico y que se desplomó sobre del asiento de delante, ella cerró la puerta de golpe. Ahora no quería acción.
Un monje barría los pétalos rojos delante de la entrada del tiempo mientras ella veía el templo ser, sentada. Pero tampoco quería ese sosiego entre los caminos de los que estaban hechos las montañas.
Caminó un poco más y se aproximó a la terraza de algún bar en alguna plaza soleada. No era verano, era más bien la forma en la que recordamos su calidez durante los días de invierno. Agitó un vaso con hielos y le dio un sorbo a su refresco mientras el sol se derramaba sobre ella.
La vida y una amante.
Era lo único que anhelaba: sentir la ternura del mundo sostenida en una mirada jugando entre el deseo y el cariño. En el mundo real no podía dibujar con un pincel el olor de la piel de su amada después de hacer el amor, no existía frase alguna para decir su belleza sin nombre: su mente, cuanto había en ella, su inteligencia, sus talentos o su sentido del humor, no había letras que, al encontrarse, expresasen lo que sucedía en el corazón cuando reía o cuando apoyaba sus pechos en su espalda y la abrazaba convertida en la dulzura. Dos formas en una sola. Y las palabras del silencio se deslizaban por aquellos labios tan pegados a su cuello… Ansiaba el sabor de los besos de aquella llama onírica que una vez fue real en sus espirales.
Y soñaba con ella cada noche, sin embargo, lo hacía bajo el terror informe de las pesadillas y su crueldad.
Y era precisamente eso lo que quería investigar.
Se vistió de guerrera para hacer frente a la oscuridad y cruzar al otro lado.
Unos detectores antirrobo la flanqueaban y una caja registradora se veía unos metros más allá.
Un centro comercial se encontraba a su alrededor.
Los centros comerciales ya le parecían espeluznantes sin las sombras del horror puro acechándola y sin esa sangre cayendo por las columnas. De alguna forma le reconfortó la idea de que un centro comercial del terror era redundante y creyó que podría retener ese pensamiento como un talismán protector.
Aunque en apariencia un espacio grande y diáfano, los ángulos de las tiendas y las salas por las que pasaba se constreñían a ratos, cerrándose sobre su tórax todas las perspectivas y los puntos de fuga como puntos de sutura. Las paredes, al expandirse, tenían frases escritas que parecían robar la luz. Y ella sabía que no debía leerlas.
Las tétricas notas que dejaba en el aire una caja de música
sirvieron de telón de fondo
para un tiovivo que apareció como en medio de un bosque. Rompió el estruendo de los aplausos entusiastas de un público que no estaba ahí. La guerrera miró a todos lados, asustada, sin sentir a nadie a través de la negrura, después se acercó al tiovivo, furtiva.
Y se detuvo al verla: allí estaba su amada, tan lívida que parecía un cadáver mientras se deslizaba entre los caballos, vivos y heridos, y los barrotes que los atravesaban. Sus pálidas manos pasaban por sus crines ensangrentadas en una burla de la calma.
La guerrera se acercó a la muerta. La muerta la miró, gélida, y no dijo nada.
Y no ocurrió nada.
Sólo había silencio.
Y ella, la guerrera, se sintió sola y se sintió estúpida.
Detenida ante un cristal de indiferencia pura que no podía atravesar.
Y la eternidad se detuvo ante su soledad, degustando el momento, como una depredadora infinita del rechazo.
Las risas de desprecio del público nacieron en un estruendo que en seguida se tornó ensordecedor, inundaban su cabeza, la ansiedad que se ahogaba en sus pulmones retumbaba entre su miedo y su sufrimiento, y el desdén se clavó en cada uno de sus temores.
Sofie tiró su espada y se aferró las sienes mientras gritaba de dolor en el corazón.

–¡Despierta, Sofie!
–Mierda… –su labio temblaba, notaba sudor frío en su nuca, estaba decidida a no llorar.
–Espera, ¿he hecho mal en despertarte? –se apresuró Miguel, suspicaz.
–¿Qué…? No… es sólo… mi investigación no avanza, tío.
–Oye…. ¿y no has pensado buscarla en tus sueños? Ya sabes… en vez de… en vez de en tus pesadillas… –se aventuró él.
Ella se levantó del sofá, intentando poner su cabeza en orden.
–Agradezco mucho tu ayuda, pero algo me dice que… que no tenía que haber parado aquí –él no supo interpretar demasiado bien qué había querido ella decir con esa frase.
–No te preocupes, la próxima vez pondré toallas –probó a decirle.
–¡Joder, que llego tarde! –exclamó ella mirando el reloj.
–Te has juntado demasiado con españoles –afirmó su amigo desde la puerta, mientras ella se iba.
–¡Muchas gracias, tío! –consiguió decir ella al marcharse, profundamente agradecida.

Quizás estaba buscando en el lugar equivocado.
La conexión… ¿tal vez estaba en los sueños? ¿En los sueños bonitos?
¿Acaso se encontraba en todas partes…? Debía acudir a esa cita, aunque tal vez aquella decisión no tuviera ningún sentido.
Quizás nada de lo que hacía lo tenía y tan sólo estaba perdida, luchando por entender un mundo tan desquiciado como ella.
Si bien crecía en ella la intuición de que en el mismo núcleo del caos se hallaba la calma.